El día
parecía transcurrir con absoluta normalidad, incluso hasta un poco más
tranquilo que los anteriores ya que por causa del parcial me tomé el día en el
trabajo y estuve en mi casa.
Entre
apuntes y fotocopias, salí disparada a darme una ducha y alistarme para partir
hacia el barrio de Palermo, cuando en una de esas corridas entre la habitación y
la cocina el marco de la puerta se me cruzó en mi camino. Caí desplomada al
piso con tal fuerte dolor que pensé que me desmayaría, entre malas palabras que
no puedo reproducir comencé a colocarme hielo en el dedo siguiente al dedo
índice del pie. Con el pasar de los minutos mi dedo no paraba de latir y
comenzaba a tener cierto color verdoso que luego se convirtió en morado.
Cuando pude
levantarme, llamé a Martin ( mi novio ) con el fin de que venga a buscarme y
llevarme a la clínica, lugar no grato para mí, donde tuvimos que esperar
aproximadamente una hora para que me atiendan. Al entrar al consultorio de la
guardia la médica expresó su asombro diciendo: ‘cómo te hiciste eso?!’
En conclusión
terminé con el dedo entablillado, sin poder caminar, inyectada por un calmante
que me dejó de cama, y sin poder ir al examen al cual me había estado
preparando toda la semana.
Para
terminar, les dejo una imagen de mi pie.

Qué pena lo que te pasó... Esto de "tenemos que bajar un cambio", como se suele decir, a veces es cierto. Qué golpazo!!! Lo lamento, que estés mejor!
ResponderEliminarSlds.